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Se concreta el tumultuoso fin de fiesta en América Latina

 

 

MADURO MORALES

La desaceleración china, la caída de los precios de las materias primas y la perspectiva de una subida en la tasa de interés de Estados Unidos están reconfigurando la economía de América Latina.

Al retirarse la ola de bonanza, afloran las fragilidades de políticas basadas en subsidios. Los Estados ajustan sus cuentas. Los Gobiernos, su discurso. El malestar social es cada día más evidente.

El populismo, que dominó la escena durante los últimos 12 años, está bajo amenaza. La gigantesca crisis de Brasil disimula la extensión del fenómeno. Colombia también está dañada por el deterioro de los precios en el sector petrolero-­minero, que representa 50% de las exportaciones y 23% de los ingresos estatales.

Pero donde el cambio de ciclo tiene consecuencias más llamativas es en los países gobernados por la izquierda nacionalista. El estrangulamiento del flujo de dólares desbarata la ensoñación ideológica que inspira a esas administraciones: el mito aislacionista del desarrollo autónomo.

El deterioro del petróleo acorrala a Nicolás Maduro. Frente a la escasez de productos básicos, los venezolanos involucionan hacia el trueque. Ahora, se agregó otro infortunio: el precio del oro, que es el otro gran recurso de Venezuela, se redujo 15% en las últimas siete semanas. Como alrededor del 70% de las reservas venezolanas están constituidas en ese metal, renacieron los temores a un default de la deuda.

Ecuador también siente el torniquete. Rafael Correa reprimió una protesta contra su reforma autoritaria, que incluye restricciones a la prensa, una mayor intervención militar en la seguridad ciudadana y, sobre todo, la reelección presidencial indefinida. Sin embargo, junto con esa reivindicación republicana, los ecuatorianos se movilizaron contra las restricciones económicas.

En la marcha, participaron organizaciones sindicales e indígenas que hasta hace poco apoyaban a Correa. Se quejan por los recortes en las jubilaciones y subsidios, las restricciones gremiales y las concesiones a las empresas mineras y petroleras.

Para entender el conflicto conviene observar algunos datos. Si el petróleo se mantiene en alrededor de 50 dólares por barril, los ingresos del Tesoro ecuatoriano disminuirán este año en 2.500 millones de dólares. Un 2,5% del PBI. Se entiende, entonces, que en enero el Gobierno recortará el presupuesto en 1.400 millones de dólares.

Correa no renuncia a su retórica nacionalista. Y se adhiere a la tesis paranoica de Maduro, que denuncia una desestabilización imperialista. Pero está anticipando un giro en su política económica. Este año se sometió por segunda vez a la auditoría prevista en el Artículo IV de la carta del Fondo Monetario Internacional, a la que Ecuador se resistía desde 2008.

Este cambio de conducta indicaría que Correa piensa acordar con el diabólico Fondo, para financiarse a bajo costo mientras están cerrados los mercados. Los bonos ecuatorianos rinden un inquietante 10,5%.

En Bolivia se verifica un recorte similar. Como la venta de gas está atada al precio del petrolero, este año el país percibirá 2.500 millones de dólares menos. La restricción llevó a Morales a autorizar a las empresas petroleras a explorar 11 de las 22 áreas naturales protegidas, y a acelerar el plazo de consulta a las comunidades indígenas para la extracción de hidrocarburos en sus territorios. Como a Correa, esas medidas le enemistan con la izquierda.

Argentina también se asoma a un fin de fiesta. Hasta los economistas del candidato presidencial oficialista, Daniel Scioli, admiten que, si en diciembre llegan al Gobierno, deberán saldar la deuda con los holdouts, devaluar la moneda, reducir el gasto y liberar las exportaciones de granos.

En otras palabras: revisar la política expansiva de Cristina Kirchner, que dejará el país con apenas 11.000 millones de dólares de reservas y 25% de inflación. La panacea del yacimiento no convencional de Vaca Muerta se convirtió en un espejismo: con el precio de los hidrocarburos por el suelo, se retrajo la inversión.

La glaciación de las commodities desnuda diferencias entre Gobiernos que comparten un modelo estadocéntrico. Los niveles de deuda de Bolivia y Ecuador son muy inferiores, por ejemplo, a los de Brasil o Venezuela.

Además, los dos primeros tienen un grado de apertura más parecido al de Colombia, Perú o Chile que al de Argentina. Correa y Morales esconden un frío pragmatismo detrás de su oratoria. El primero mantuvo la dolarización ecuatoriana, a pesar de su impopularidad. Y Morales, guiado por su ministro de Economía Luis Arce, acumuló 15.000 millones de dólares de reservas. Es el 50% del PBI boliviano. La mayor proporción de América Latina.

Extraña ortodoxia populista.

Por: Carlos Pagni

* Periodista y escritor argentino

www.elpais.com
agosto 19, 2015
Se concreta el tumultuoso fin de fiesta en América Latina
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