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Pensamiento estratégico es vital para empresas familiares

pensamiento estratégico La actividad de una familia empresaria siempre tiene que estar acompañada por pensamiento estratégico. Seguro que consideras que que todo el mundo piensa. Déjame que te cuente dos historias vividas. Encontré un día a un desolado empresario familiar que acababa de recibir la noticia que su casi único cliente, una gran corporación multinacional, había decidido trasladar su fábrica al sudeste asiático. Además habían identificado un proveedor en la región que les proporcionaba un mejor precio. Una lástima, sin duda. La compañía llevaba una larga y exitosa trayectoria que se veía abocada a un abrupto final. Pero, si hubiera dedicado tiempo a pensar, seguramente ese empresario habría advertido el profundo riesgo del monocliente. De modo que hubiese tomado medidas preventivas (crecer internacionalmente para dar servicio a clientes en diferentes lugares, invertir en tecnología para abaratar costos y ofrecer precios más competitivos, diversificar su actividad por aquello de los huevos y las cestas,….) que le hubieran permitido dar sostenibilidad a su negocio y a sus ingresos. En otra ocasión, la líder de una empresa familiar me convocó con urgencia y angustia. Acababa de enviudar. Su marido, alma mater de un importante negocio, falleció de un repentino infarto. Según la dramática confesión lo que aquel emprendedor dejaba a su familia era un pequeño patrimonio en comparación a todo lo reinvertido en el negocio. En el debe, era una empresa con una importante carga de deuda bancaria que había que renegociar en breve, unos pasivos laborales enormes como correspondía a una plantilla de más de un millar de personas, y un equipo directivo comprometido, pero sin capacidad de liderazgo. Pero aquellas dificultades se podían haber evitado de haber pensado a tiempo las cosas. Tras décadas de actividad, podrían haber articulado mecanismos de organización y protección del patrimonio familiar o para ir preparando la sucesión en la gestión, evitando una excesiva e indeseable dependencia del fundador. De haberlo hecho, estaríamos ante el caso de un legado al que dar continuidad. No frente a una monumental fuente de problemas, que suelen acabar en severos conflictos empresariales y familiares. Más aún cuando estas circunstancias se experimentan en épocas de crisis económicas. Son comunes las situaciones en las cuales ha primado la dedicación a las tareas cotidianas. Obviando ciertos asuntos trascendentes de largo plazo y calado. Se dan situaciones de este tipo también en el ámbito personal: decisiones de pareja tomadas sin la debida reflexión y  llevadas por la rutina, conflictos con amigos por situaciones perfectamente evitables, malas decisiones en la educación de los hijos por falta de perspectiva de futuro,…. Es clave, por tanto, alejarse de las demandas del día a día y pararse a pensar estratégicamente como una actividad regular y planificada. Curiosamente reflexionamos más cuando vivimos un fracaso de cualquier índole. Cuando se vive una ruptura de pareja, se dedica tiempo a elegir mejor el retrato robot del próximo socio de vida y a la mejora de la gestión de la relación. Cuando sale mal un negocio, se analiza en profundidad la idoneidad del equipo, la reacción de los competidores, o las acciones de marketing y comunicación que acompañaron el lanzamiento de la actividad. Correcto. Analizar, para aprender, tras las malas pasadas que la vida reserva a todos. No obstante, es saludable que aplicar la medicina preventiva. Aunque los negocios vayan bien no dejemos de pensar qué estamos haciendo en niveles de excelencia para darle continuidad al éxito del momento. No caigamos en la tentación -tan humana por otra parte- de pensar simplemente que las cosas van bien, porque se es un elegido de los dioses. Entonces, no cabe otra alternativa que el triunfo. Cuando menos se espera, puede venir una desagradable sorpresa. Los miembros de familias empresarias son particularmente activos. Enseguida, manos a la obra para aterrizar los sueños imaginados. Particularmente dotados para ejecutar bien lo pensado. Pero los líderes de estos emprendimientos deben planificar y ejecutar lo que se denomina "momentos napoleónicos". Napoleón tenía bien ganada fama de estratega militar. Se le deben pensamientos tan "hayqueistas" como el que se infiere de esta frase que se le atribuye: “Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes”. Pero para poder pensar estratégicamente, Bonaparte nunca bajaba al campo de batalla. Y no sólo por prudencia. Se situaba en una atalaya desde donde vislumbrar cómo se desplegaba su estrategia y, en su caso, tomar acciones correctoras sobre la marcha. Hoy en día, las superpotencias también tienen sus atalayas. Ya no en la loma cercana al teatro de las operaciones. Sino en cuarteles de estado mayor situados a miles de kilómetros de distancia del foco del conflicto. Dotados de las más sofisticadas herramientas de telecomunicaciones para poder ejercer sus funciones de definición y control de las estrategias. Los líderes empresariales también deben tener sus atalayas de reflexión estratégica. Los asuntos de la gestión empresarial se pueden clasificar en dos grandes categorías: importantes y urgentes. La tendencia natural es atender lo urgente, lo inmediato, las cosas del día a día. Pero también habrá que ocuparse de aquello que dará de comer mañana y el día después de mañana. Equilibrar estas dos vertientes será muy bueno para la familia y el negocio.

Por: Manuel Bermejo

* Líder de una empresa familiar española y profesor del IE Busines School
Enero 19, 2015
Pensamiento estratégico es vital para empresas familiares
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