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Los efectos negativos de mantener bajas tasas de interés

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Recientemente, los profesores de Princeton, Anne Case y Agnus Deaton (Premio Nobel de Economía) publicaron un estudio muy descorazonador, en el que mostraban que la tasa de mortalidad de hombres blancos no hispanos en el grupo etario de 45-54 años, en EE.UU., había crecido de manera dramática desde 1999.

Tal comportamiento de la mortalidad no es comparable con el de sus pares de Canadá o la Eurozona, donde dicha tasa se ha reducido.

Se estima que alrededor de 650.000 hombres fueron víctimas de este cambio de tendencia en la tasa de mortalidad, cantidad de víctimas similar a la del momento más difícil de la epidemia del Sida, con la diferencia de que tales fallecimientos pasaron desapercibidos en su momento, mientras los del Sida obviamente no.

¿Qué causó estas muertes? Case y Agnus atribuyen esta situación, a cambios en patrones de vida que llevaron a estos individuos a consumir alcohol y otras drogas y exponerse a situaciones violentas que aumentan las probabilidades de muerte, como una respuesta depresiva a una economía que castiga duramente a los grupos de menor educación y con empleos más precarios, altamente representados en este grupo etario.

Esta noticia invita a pensar en otras tendencias que se están desarrollando también de manera silente y que cuando se manifiesten en 5, 10 o 15 años, habrán generado un grupo de victimas tan irrecuperable como las recién mencionadas.

Si bien es verdad, por ejemplo, que hay cierta preocupación porque las tasas de interés en EE.UU., Japón y la Eurozona se mantengan mucho tiempo más en los bajos niveles actuales, poco se ha escrito sobre el impacto que dicho nivel de tasas podría tener en los recursos destinados para financiar la salud y el retiro de quienes hoy en día constituyen la fuerza de trabajo de esos países.

No en balde, Bill Gross, el gran y polémico gurú de la renta fija, dedica un reporte, elaborado desde la plataforma de Janus Capital Group, a describir un posible mecanismo de ralentización económica causado por las tasas de interés muy cercanas al nivel de 0 %.

Cuando las tasas se mantienen bajas por mucho tiempo, el dinero migra hacia los títulos de mayor riesgo y retorno, como las acciones y los bonos basura, y los tenedores de tales papeles se hacen más ricos, pero no necesariamente gastan mucho más.

Por otro lado, las instituciones financieras no se van interesadas en reactivar el crédito, puesto que los márgenes de intermediación son reducidos, concentrándose en grandes clientes corporativos, dejando de lado a las personas naturales y a las pequeñas y medianas empresas.

En respuesta a un mundo de bajas tasas, los hogares consumen menos, ahorran más, difiriendo, por ejemplo, la adquisición de vehículos y viviendas, que son motores importantes de la actividad económica.

Tal diferimiento de una forma u otra toca a las economías emergentes, que no solo venden materias primas a los países desarrollados, sino también productos terminados, en muchos casos de bajo valor agregado.

Las expectativas de diferimiento de inversión y consumo, finalmente afectan la tasa de crecimiento de las utilidades de las grandes corporaciones, que a su vez reajustan a la baja su presupuestos de inversión, dedicando parte de sus fondos a la recompra de acciones y a fusiones y adquisiciones, promovidas por sinergias y reducciones de costos para hacer más competitivas a estas empresas en un mundo con bajas expectativas de crecimiento.

Hoy en día, los macroeconomistas entienden muy bien los impactos negativos de elevar las tasas de interés cuando el crecimiento económico es exiguo.

Lo que no sabemos aún es cuando el impacto negativo de no subir las tasas excede a sus beneficios. Esperamos que el costo de tal aprendizaje no se mida en vidas.

Por: Grupo Arca

Empresa venezolana de análisis y consultoría financiera

www.grupoarca.net

 
Noviembre 18, 2015
Los efectos negativos de mantener bajas tasas de interés
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