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La vía para aprender a ser líderes

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Aprender a ser mejor líder es una asignatura común para todos los mortales y el perfeccionamiento sólo se obtiene por el ejercicio de conductas positivas que generan virtudes o hábitos buenos.

Esto es de preescolar de escuelas de negocio, pero no por ello infrecuentemente olvidado. Cualquier líder, en cualquier organización, más allá del tamaño y el sector de negocio, debe de aprender ciertas lecciones hoy olvidadas. Y en la base de todas estas virtudes: la coherencia que genere confianza. La palabra mágica que todos hemos aprendido a fuego desde el estallido de la burbuja financiera de 2007 es ésta: c-o-n-f-i-a-n-z-a.

Cuando antaño nos referíamos a los líderes, no bajábamos el listón de personalidades como Churchill o Kennedy (en la política) o de Jack Welch, Gates, o Iaccoca en las organizaciones; pero hoy las cosas parecen haber cambiado. No porque no valgan esos ejemplos, que seguimos admirando, sino porque el concepto del liderazgo moderno implica que cualquier director general de una organización, puede ser un auténtico líder en caso de que observe determinados comportamientos y cumpla con algunos mínimos en el ejercicio de sus funciones.

Una cuestión fundamental para los líderes potenciales hoy es aumentar el nivel de confianza que la gente tiene en ellos, pero, principalmente, la autoconfianza de nuevos valores en las acciones que emprendan.

Katty Kay y Claire Shipman, autoras de “The confidence code: the science and art of self assurance-what women should know” (El código de confianza: la ciencia y el arte de la auto-aseguramiento – lo que las mujeres deben saber), destacan que existe una gran falta de confianza entre los sexos, señalando que el éxito es muy dependiente de la confianza, ya que es la esencia de la competencia. Su conclusión es que la baja confianza se traduce en inacción. “Así que la confianza se acumula a través del trabajo duro, del éxito, e incluso a través del fracaso”.

Es vital que ampliemos, mejor dicho, que veamos el alcance real que tiene la palabra “auténtico” y la definición de “autenticidad”. La autenticidad es un rasgo de liderazgo muy solicitado. Y es que, parece que hoy los mejores líderes son aquellos que son considerados auténticos por su gente, fieles a sí mismos y que toman decisiones en base a sus principios y valores.

En un artículo reciente en Harvard Business Review, “The authenticity paradox” (La paradoja de la autenticidad), la profesora Herminia Ibarra relata la historia de una directora general recién ascendida que admitió a sus subordinados que se sentía asustada en su papel, pidiendo que le ayudasen. Lo que sucedió era previsible: ella perdió credibilidad, porque el personal quería y necesitaba un líder que diese confianza.

No hay que temer a la acción, incluso emulando a líderes a los que se tenga admiración. Aunque cuando se emula a una persona exitosa para ver si se alcanza el éxito que esa otra persona busca, aunque sea en parte, deberá tener perfecta consciencia de sus limitaciones. Mostrarse auténtico, pero ¡cuidado! No debemos dejar que los miedos se transmitan al “gran público”, ya que la gente no sigue a líderes temerosos.

Según la investigación llevada a cabo por la psicóloga de Stanford University, Carol Dweck, cómo las personas ven su personalidad afecta a su capacidad para la felicidad y el éxito. Los que tienen una “mentalidad cerrada” (por oposición a lo que se llama mente abierta), creen que el carácter, la inteligencia y la creatividad son inmutables, por tanto, evitar el fracaso es una forma de demostrar habilidad e inteligencia.

Las personas con una “mentalidad de crecimiento” (mente abierta), sin embargo, ven el fracaso como una manera de crecer y, por lo tanto, aceptar desafíos, perseverar frente a los contratiempos, aprender de la crítica y alcanzar mayores logros.

Las personas con esta forma de pensar, creen que cualquiera puede llegar a lo más lejos, la cuestión es proponérselo. El verdadero potencial de una persona es desconocido, por tanto, la energía que aplique a su vida (la actitud), será un canal de automotivación constante que se alimentará por la pasión que siente por su trabajo. No le pese la responsabilidad, es parte de su personalidad. Va con su carácter.

Tenacidad

Plantearse a esta altura que existe  una conexión entre el trabajo físico y mental, no parece novedoso. Lo que sí lo es, es ver qué papel juega la tenacidad y la disciplina para enfrentarnos a los retos mentales, como llevar a cabo un proyecto junto a un equipo de primera que se está coordinando.

Un líder tiene que superar el cansancio físico, pero más aún, aquellas limitaciones que a veces no ve, o aquellas de las que no es consciente, pero que hacen que su fuerza mental (distracción, preocupación, estado emocional de ese momento, etc.) mermen su capacidad de acción, o peor aún, la respuesta frente a un imprevisto.

Un medallista olímpico en los Juegos de Sydney estuvo a punto de no participar por un súbito aumento de azúcar, una enfermedad que a veces se produce por haber estado sometido a mucho estrés, como puede ser el entrenamiento de alta competición. Había quedado prácticamente descartado, pero pudo más su tenacidad y finalmente pudo estar en Sydney, donde logró el oro olímpico en 50 metros libres en natación. Su nombre: Gary Hamel.

Hemos escuchado, en más de una ocasión, cómo un coach de un equipo en primera división -de cualquier deporte (fútbol, rugby, voley, etc.)- da un discurso a sus pupilos para que salgan a ganar. No hay medias tintas. Esta vocación de lucha, así como de firmeza y determinación para la victoria, es la que se ha venido “copiando“ en los ambientes organizacionales, queriendo contar con líderes que, igual que los deportivos, impulsen y motiven a su gente.

Como líder, usted tiene que hacer frente a retos difíciles. Si trabaja duro para superarlos, entonces siempre hay una lección que aprender. A pesar de que puede sonar un poco pueril, quizás le sirva seguir un ejemplo de sus personajes favoritos (en el deporte, cine, etc.). Estos le pueden ayudar a encarar el problema. Deberá, por tanto, emular esos ejemplos en la vida real, adaptarlos a sus necesidades, dentro su puesto de trabajo y conforme a sus responsabilidades.

La palabra inspiradora

Cada vez que escuchamos a un líder destacado, hacer referencia a qué es lo que le hizo abrazar determinada actividad en la vida, siempre existe un patrón común que subyace en la mente de los líderes. Y esto es algo que sucede desde que iban al colegio, porque hubo algún maestro o alguna lección, del mismo modo que una lectura o una película, que les ha impresionado. Por ello, terminó por convertirse en algo determinante para la elección de su carrera en la vida. La razón: que se sentían identificados con ese personaje.

Por: Salvador Molina, José Luis Zunni, y Eduardo Rebollada Casado

* El primer autor es presidente de ECOFIN. el segundo es director de ecofin.es, y el tercero es miembro del blog de Management & Leadership de ECOFIN.

febrero 24, 2015
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