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FMI se alarma por altos salarios ejecutivos

Christine Lagarde. FMI

Christine Lagarde. FMI

“El mes pasado casi me atraganto con mi yogur del desayuno cuando vi la primera página de un periódico económico”. Así ha empezado hoy su discurso en Bruselas Christine Lagarde, directora gerente del FMI.

Lo que sorprendió a Lagarde un día de mayo fue leer que el gestor de fondos de alto riesgo mejor pagado del mundo ganó 1.300 millones de dólares (cerca de 1.200 millones de euros) el año pasado.

“¡Un solo hombre, 1.300 millones!”, ha exclamado Lagarde, que ha subrayado que los 25 gestores mejor pagado del sector ganaron 25.000 millones de dólares en un año de rendimientos mediocres.

La directora gerente del FMI, un organismo que con frecuencia ha recetado recortes y reformas dolorosas, ha lanzado un mensaje en contra de la desigualdad, a la que considera un lastre para el crecimiento económico.

Lagarde firmó en su contrato un sueldo anual de 467.940 dólares libres de impuestos, más 83.760 dólares en dietas libres de impuestos más gastos aparte. La ejecutiva ha recordado el chiste de Wall Street en que un visitante, tras asombrarse por los grandes yates de los banqueros en los muelles de Nueva York, preguntaba: “¿Y dónde están los yates de los clientes?”.

Lagarde ha señalado que no ve inmoral disfrutar del éxito financiero y que no quería centrarse en los superricos, sino en “los pequeños botes”, en la clase baja y media. “En demasiados países, el crecimiento económico no ha logrado levantar estas pequeñas embarcaciones mientras que los magníficos yates han estado surcando las olas y disfrutando del viento en sus velas. En demasiados casos, los hogares pobres y de clase media se han dado cuenta de que el trabajo duro y la determinación puede no ser suficiente para mantenerlos a flote”, dijo en su discurso, difundido por el Fondo.

Su mensaje ha sido que reducir la “desigualdad excesiva no solo es lo moral y políticamente correcto, sino que además es bueno económicamente”. No es una cuestión de altruismo, enfatizó.

La directora gerente del FMI ha explicado que, aunque la economía está recuperándose, el mediocre crecimiento previsto para los próximos años no será suficiente para elevar la renta de los más desfavorecidos. Lagarde señaló que la desigualdad global está reduciéndose gracias a la mejora de la renta de países emergentes, y en particular de China e India.

En cambio, la desigualdad dentro de los países ha crecido con fuerza en la mayoría de las naciones desarrolladas y en los principales países emergentes. La desigualdad de rentas y de riqueza es cada vez mayor.

Hasta ahora,  se consideraba que la desigualdad era el precio del crecimiento. pero los estudios más recientes del FMI muestran lo contrario, que si se aumenta la parte de renta de las capas más bajas, el impacto en crecimiento es positivo, mientras que si se aumenta la de los más ricos, se frena la expansión económica.

Las principales causas del incremento de la desigualdad son la globalización, el progreso tecnológico, la diferencia de oportunidades y la escasa movilidad social, factores que llevan a lo que el Papa Francisco ha llamado “economía de la exclusión”.

¿Qué deben hacer los políticos para reducir la desigualdad? Según Christine Lagarde, lo primero es tener estabilidad macroeconómica. Con bajo crecimiento, alta deuda y una mala política monetaria, la desigualdad crecerá, señala.

Lo segundo es tener prudencia, pues “un cierto nivel de desigualdad es saludable y útil”. Y, a partir de esas premisas, aplicar políticas fiscales y reformas estructurales que reduzcan la desigualdad.

En cuanto a política fiscal, Lagarde considera necesario luchar contra la evasión fiscal y rebajar las deducciones por compra de vivienda o por plusvalías del capital, de la que se benefician los más ricos. También, en algunos países europeos, sería bueno reducir las cotizaciones de las empresas a la Seguridad Social para que se creen más empleos, señala.

Por el lado del gasto, aconseja facilitar el acceso a la sanidad y la educación y recortar también los subsidios a las energías fósiles, “costosos e ineficientes”, según Lagarde, que aplaude en cambio programas condicionales de inclusión social y de lucha contra la pobreza como los llevados a cabo en Brasil.

En cuanto a las reformas, Lagarde prioriza la mejora de la educación. A contibuación pide reformas laborales que permitan “proteger a los trabajadores más que a los trabajos”. Es decir, una mezcla de flexibilidad y protección social como la que aplican los países nórdicos europeos.

Otros factores son la mejora de igualdad entre sexos y una mayor inclusión financiera, más facilidades para el acceso al crédito y a los servicios financieros básicos. “Elevando los pequeños botes de los pobres y la clase media, podemos crear una sociedad más justa y más fuerte con una prosperidad compartida para todos”, ha concluido.

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junio 17, 2015
FMI se alarma por altos salarios ejecutivos
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