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Familias empresarias no deben evitar conflictos, sino resolverlos

PROTOCOLO FAMILIAR
Los mejores protocolos de familia no logran evitar los conflictos inherentes a la condición humana. Para muestra un botón: los grandes conflictos generados por la crisis creada a raíz del escándalo en Volkswagen.
Un porcentaje importante de estos protocolos no se cumplen, según reflejan varios estudios recientes, pues quedan, en su mayoría, como un buen “saludo a la bandera”.
Claramente identificamos que uno de los factores de longevidad que distinguen a las empresas familiares, no es precisamente esconder los conflictos, o tratar de evitarlos.
La clave es desarrollar habilidades para crear un ambiente de comunicación efectiva, de trabajo en equipo, para resolver conflictos de manera “constructiva”.
Hay que aprovechar estos incidentes como una oportunidad y es, con este objetivo, que deben estructurarse los protocolos familiares.
Algunos especialistas afirman que lo más importante, al redactar un protocolo familiar, no es su contenido, si no más bien el proceso de elaborar el documento y las negociaciones que implica.
Si bien el contenido tiene un efecto importante, el producto fundamental es la experiencia de trabajo en equipo, saber llegar a consensos, ganar confianza, y proyectar a la familia y la empresa hacia el futuro. Estos son los factores más importantes del proceso, sobre todo para aquellas familias que, por primera vez, logran generar un ambiente de comunicación controlado.
El proceso de trabajar en familia sobre temas, quizás más necesarios para unos que para otros, en ámbitos que históricamente han marcado la historia familiar, que han sido espinosos e inclusive guardados como el mejor secreto de generación en generación, es fundamental para tratar de cuidar la armonía y unidad familiar.
Sin embargo, la experiencia  demuestra, en especial cuando hemos tenido relación con empresas mucho más complejas y sobre todo longevas, que estos procesos pasan a un segundo plano, pues para ese momento lo importante es poner en práctica un gobierno de familia funcional. El proceso pasa entonces a ser parte de la historia y posible génesis de las fases de implementación.
Como parte de las lecciones aprendidas, que considero importante sugerir, es no caer en esta trampa, la cual podría amenazar la confianza y las buenas relaciones familiares, ante la esperanza de encontrar en el protocolo de familia el salvavidas a problemas no resueltos.
Hay  familias sumergidas en varias dinámicas que se consideran “perversas”, razón por la cual a la postre, quizás no vale la pena ni siquiera intentar hacer el ejercicio de escribir un primer protocolo.
Es muy importante entender que en algunas áreas que se incluyen en los protocolos de familia deben evolucionar, pues no es lo mismo un protocolo para una familia que va en el paso de la segunda a la tercera generación, que un Protocolo para una familia que está en el paso de la quinta a la sexta generación.
Estos protocolos deben adaptarse a las complejidades del sistema patrimonial y del modelo empresarial, o de los negocios de la familia.
El protocolo no debe circunscribirse a resolver un tema de sucesión ejecutiva o los temas fiscales solamente, pues algunas familias señalan que ya tienen sus “protocolos”, pero estos resultan ser unos acuerdos societarios de primera generación, que no abordan los temas esenciales para la continuidad de su patrimonio, ni el de la misma empresa, con sentido de legado por varias
generaciones.
Algunos confunden “los protocolos patrimoniales” con “los protocolos familiares”, que más que proponer formulas de sucesión ejecutiva,  temas fiscales o testamentarios, lo que pretenden es la creación de una cultura de longevidad.

Por: Raúl Serebrenik

Consultor colombiano especializado en empresas familiares.
www.dinero.com
Octubre 27, 2015
Familias empresarias no deben evitar conflictos
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