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Cuando el líder carismático es nocivo para la empresa

Hurray we did it! Según muchos autores, no es lo mismo ser un líder que ser un gestor o un "manager". En The Bass Handbook of Leadership, se define el liderazgo de forma claramente diferenciada de la gestión: “El liderazgo es la influencia entre el líder y los demás miembros de un grupo, que modifica las expectativas y los comportamientos de los involucrados”.  Sin embargo, esta definición no toma en consideración muchos elementos básicos de la gestión, como los roles informativos, los roles externos al grupo, los roles de diseño de los sistemas de gestión…, que pierden peso ante una absolutización del rol del líder. El liderazgo sería, pues, como un imán que atrae, algo mucho más consistente que la mera gestión. Pero la gestión es absolutamente necesaria: resolver conflictos, reorganizar y asignar recursos, planificar…; en definitiva, gestionar el día a día es esencial para que una empresa funcione correctamente, y, si no se gestiona bien, difícilmente se tendrá legitimidad para liderar. El líder carismático Normalmente, la contraposición entre gestión y liderazgo se acentúa al calificar al líder con el adjetivo carismático. El concepto de “líder carismático” caló ampliamente, a partir de los años 80´, entre las empresas de todo el mundo. Hace referencia a líderes como Lee Iacocca, Steve Jobs o Jack Welch. Este tipo de figuras han resultado inspiradoras para sus organizaciones y han provocado que, durante años, muchas empresas pretendieran tener entre sus filas a líderes que respondiesen a este perfil carismático, capaz de generar cambios sustanciales. Pero es importante ser conscientes de lo nocivo que puede llegar a ser el carisma, si es llevado a su máximo exponente. Los líderes carismáticos son personas con un intenso deseo de competir, más preocupados por ser admirados que queridos, narcisistas y con una gran ambición de poder y gloria. Aunque son capaces de construir una nueva visión de las cosas, atraer a seguidores y “crear el futuro” –en vez de limitarse a anticiparlo–, también tienen una tendencia desmesurada a la grandiosidad y una cierta dificultad para escuchar consejos; se mantienen aislados emocionalmente, son desconfiados e hipersensibles a las críticas, e incluso tienen una cierta tendencia a la paranoia cuando las cosas van mal o no como ellos quisieran. Les falta un elemento muy importante: ¡realismo! Como señala Rakesh Khurana, reputado teórico de la organización, no existe ninguna evidencia empírica de que un liderazgo carismático dé mejores resultados en una organización. Se trata, simplemente, de un error de atribución fundamental que olvida que el éxito de una empresa depende, en su mayor parte, de la situación del propio sector y de la coyuntura económica. ¿Qué significa dirigir? La realidad de la dirección es que es una actividad a la que hay que dedicar un gran número de horas, a un ritmo de trabajo muy alto, con un grado de fragmentación e interrupción muy elevado, sin un final delimitado, muy orientada a la acción, y caracterizada por un gran número de relaciones, tanto verticales como horizontales. Implica, pues, un cierto grado de superficialidad en los temas que se manejan, un distanciamiento de la realidad y una dificultad importante en la gestión del tiempo. Además, a los directivos de nuestro tiempo se les pide también que sean líderes. Pero desarrollar el rol de líder es solo una parte de la dirección. Si se observa qué reclama cualquier organización a sus directivos, debe aceptarse que, además del rol de líder, les pide que ejerzan otros muchos roles: los de enlace, representación, asignador de recursos, negociador, gestor de conflictos…, como han señalado expertos de la talla de Henry Mintzberg, Rosemary Stewart o Leonard Sayles. El liderazgo es, pues, solo una parte de la dirección y debe entenderse en el marco de la realidad cotidiana y desde una visión muy contextualizada. ¿Por qué debería alguien dejarse liderar por ti? Asimismo, hay que reconocer que el liderazgo es una parte muy importante de la dirección. Por ello, cabe una última reflexión. Ante la desafiante pregunta: “¿Qué esperas de tu jefe?“, que Rob Goffe y Gareth Jones plantearon a más de 1.000 empleados de la City de Londres, se constata que, más allá de los liderazgos, lo que los empleados valoran de sus directivos son cuatro elementos básicos: autenticidad, capacidad de dar sentido a lo que se hace, capacidad para generar ilusión y sentido de grupo. Ello pone de manifiesto que no solo hay que gestionar un día a día difícil y desarrollar todos los roles directivos apoyándose en las habilidades y en las competencias necesarias. Hay algo más: la dirección pone en juego la dimensión interior de cada persona –sus convicciones, sus valores, sus fuentes de sentido y de vitalidad. Dirigir es muy fácil. Dirigir bien es muy difícil, pero necesario y posible.

Por: Carlos Lozada

* Profesor del área de Dirección General y Estrategia de ESADE.

Diciembre 1, 2014
Cuando el líder carismático es nocivo para la empresa
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