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China sigue amenazando a la economía global

Pro-Beijing activists wave China's national flag as pro-Hong Kong government activists wearing blue ribbons listen to speeches in the Kowloon district of Hong Kong on October 4, 2014. Hopes of finding a resolution to a week of pro-democracy protests in Hong Kong collapsed Saturday as students scrapped talks with the government over violent attacks by Beijing supporters and suspected triad members. Hong Kong's security chief furiously denied the government had used triad gangs against pro-democracy protesters. AFP PHOTO / ANTHONY WALLACE

Aún no sabemos si el shock que China ha provocado en los mercados es el origen de un huracán o pasará como una borrasca pasajera. Pero el ciclón financiero que se desató en 2007 en EEUU, y cruzó el Atlántico para arrasar Europa en 2012, ha llegado a Asia con una intensidad que todavía es pronto para determinar.

Cuando Occidente se vio sumido en la mayor crisis desde el crack de 1929, la receta de las instituciones para reparar los daños causados por la catástrofe fue unánime. La recuperación tendría que venir de la mano de los estímulos de los bancos centrales y de las exportaciones a los países emergentes. Y así ha sido.

La fortaleza de China, Brasil, México o Turquía ha permitido a EEUU y Europa salir adelante con un crecimiento «mediocre», en palabras del FMI, pero suficiente para hablar de recuperación. Sin embargo, los mercados no parecen tener claro que la estabilidad financiera que, por fin, parecía haberse logrado sea inquebrantable y el pánico se ha apoderado de ellos.

Las dudas sobre el milagro económico chino -con la amenaza de que la Fed pusiera fin al dinero barato con una subida de los tasas de interés como telón de fondo- han sido el detonante de un desplome de los mercados que, más allá de hundir los valores del Dragón, ha elevado los niveles de sobreventa de las Bolsas europeas a cotas no vistas desde 2012, el peor año de la crisis de deuda soberana.

China crecerá este año 6,8%. Bajar de ese umbral sería un problema para un país con 92 millones de ciudadanos pobres.

Los expertos no se ponen de acuerdo en si esa brusca caída bursátil es una oportunidad para entrar en un mercado que se recuperará antes de fin de año, o si, por el contrario, es el preludio de una nueva recesión, menos intensa que la que ya ha quedado atrás, pero también global.

Frente al pesimismo sobre cómo el pánico vivido en el gigante asiático puede acabar arrastrando al resto del mundo, otros expertos prefieren calificar lo ocurrido como la corrección de unas Bolsas, que habían subido con demasiada fuerza en los últimos años.

Desde 1950, todas las caídas fuertes del precio de las materias primas han coincidido con el comienzo de recesión. Y la contracción del 3,4% que ha experimentado el comercio mundial de este año prueba que la recuperación del mundo desarrollado no es tan sólida como para compensar los problemas de los emergentes.

Con más optimismo, el director de Abante, Joaquín Casasus, considera que «el crecimiento de EEUU es lo suficiente y el de Europa lo razonablemente fuerte» como para compensar la desaceleración de China. Y así, cree que las caídas de las últimas semanas son una buena oportunidad para invertir en Bolsa. Eso sí, con sangre fría, ya que «cuando se produce un terremoto financiero de esta envergadura, después vienen las réplicas».

Para ver si estamos ante un ‘tsunami’ hay que saber si la caída de la Bolsa ha dañado la economía real.

Lo ocurrido hubiera sido fácil de predecir de no ser porque los mercados son tuertos y nunca atienden a dos problemas a la vez. Pero, mientras las Bolsas bailaban al ritmo de la crisis griega, la desaceleración de China ya estaba arrastrando a otros países emergentes.

Con una población de más de 1.300 millones de potenciales consumidores, China crecerá este año 6,8%, según el FMI. Aunque se trata de un ritmo de crecimiento envidiable para cualquier país desarrollado, bajar mucho de ese umbral, sería un grave problema para un país que tiene que sacar de la pobreza a 92 millones de ciudadanos, según las cifras oficiales.

El impacto que una brusca desaceleración del gigante asiático tendría sobre el resto del mundo se entiende bien al recordar que su PIB representa el 16% de la riqueza mundial. Su fuerte demanda de materias primas hace que cuando el Dragón estornuda se constipen todos los países productores de éstas, desde Noruega hasta Brasil o Rusia.

Evitar que el desplome de las Bolsas chinas se convierta en un tsunami global está en buena medida en manos de sus autoridades que han gestionado con dificultad una crisis que están tratando de ocultar.

«Las autoridades chinas han sido lentas en la toma de decisiones y han dejado al mercado con ganas de más. Sorprende su tacañería, porque tienen margen para hacer mucho más», lamenta el estratega de Citi, José Luis Martínez Campuzano. Este mismo reproche es el que hacía el mercado al BCE en los peores momentos de la crisis del euro y precisamente ese retraso en actuar con contundencia agravó la crisis.

El desplome sufrido por las Bolsas de Shanghai y Shenzhen entre junio y agosto de este año, dejó atrapados a millones de ahorradores que habían comprado acciones al calor de las fuertes subidas del último año. Para contener la sangría, la República Popular adoptó medidas variopintas como devaluar su moneda, impedir las salidas a Bolsa o permitir comprar acciones a los fondos de pensiones de los gobiernos locales.

Pero muchas de esas medidas no han hecho otra cosa que generar inquietud. Pekín se ha gastado 200.000 millones de dólares en un fallido intento de apoyar al mercado y las reservas de divisas extranjeras han caído 315.000 millones de dólares entre enero y julio, lo que es un claro indicador de que efectivamente se está produciendo una fuga de capitales y las autoridades han entrado en pánico.

Ese temor explica que septiembre no haya empezado mucho mejor para las Bolsas de lo que acabó agosto.No obstante, para determinar la magnitud de esta crisis habrá que esperar a conocer cuál está siendo el impacto de la salida de dinero de las Bolsas en la economía real de un país cuyo crecimiento se basa en la inversión, y no en el consumo.

En el segundo trimestre del año, China no se había desacelerado significativamente. Pero ahora tenemos que ver cómo afectará el desplome del verano al ciclo económico, señala el estratega de IG, Daniel Pingarrón. Si la crisis bursátil hiere a la economía, todas las empresas mundiales que exportan a China o dependen de las materias primas se verían afectadas.

Para evitar una catástrofe, los expertos confían en que llegado el caso, los bancos centrales adoptarán más medidas expansivas.De otro modo, se daría al traste de un plumazo con la frágil estabilidad financiera que tanto ha costado alcanzar.

www.elmundo.es
septiembre 6, 2015
China sigue amenazando a la economía global
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